¿La primavera árabe ha muerto?

¿El fin de la revolución egipcia? Debimos verlo venir: la marginación de los rebeldes originales de la plaza Tahrir, a los que se buscó complacer con unos cuantos juicios mientras los militares se enconchaban en el poder que Mubarak les confirió y formaban una fachada de gobierno civil con los obedientes ministros del ex dictador. Y la Hermandad Musulmana –que no se involucró en las acciones de la plaza Tahrir, lo mismo que Ahmed Shafik– pasó al centro del escenario luego de años de clandestinidad y tortura a manos del gobierno. Los hombres de Mubarak y la Hermandad nunca estuvieron representados en Tahrir. Todo lo que queremos es que Mubarak se vaya, solían gritar los jóvenes egipcios. Y fue todo. Fácil de resolver para el Estado profundo. Casi todos los principales funcionarios de la Stasi egipcia fueron exculpados. Los asesinos de la policía siguen en operación. Ellos están felices con el más reciente capítulo de la tragedia egipcia. El paralelismo con Argelia en 1991 es del todo relevante. Una elección democrática ganada por los islamitas, suspensión de la segunda ronda electoral, leyes de emergencia que confirieron poderes especiales al ejército; tortura, detenciones de legisladores electos, salvaje guerra de guerrillas: con algunas variantes, sólo las dos últimas no han empezado aún en Egipto. Pero la historia en Argelia fue menos absurda: le pouvoir había realizado un golpe de Estado y todos los opositores eran terroristas. Este proceso también ha empezado en El Cairo. El ejército ha recibido facultades para detener personas. La intención es que las ejerza. En Egipto es ridículo llevar a cabo una elección presidencial cuando la base del poder parlamentario de uno de los candidatos, Mohamed Morsi (la Hermandad), ha sido disuelta por los partidarios de su oponente, Shafik, antes de la contienda final. Hace unos días, Alaa al-Aswany, ese estupendo novelista-activista-dentista egipcio, predijo un plan que ya está formulado: masacrar a los revolucionarios. Pero ese plan no funcionaría, dijo, porque el retorno de Shafik, protegido por los militares, significaría el fin de la revolución. Sin embargo, eso era entonces. Ahora Shafik bien puede tomar el poder –si Morsi pierde– sin un parlamento que lo controle.

Días de desesperación, pues. Pero hay algo que recordar: los jueces nombrados por Mubarak no precisamente se levantaron la mañana del jueves y decidieron disolver el parlamento. Eso se decidió hace mucho tiempo. Al igual que la retención del poder militar. Habrá planes listos para el fin de semana; tal vez ya hasta sepan los resultados de la elección. No me atrevo a pensar lo que esto significa para Egipto. Puede que la primavera árabe haya muerto (el despertar árabe un poco menos). Pero el establishment de la seguridad en Washington estará complacido. Igual que el presidente Bashar Assad de Siria. Vaya idea.

Robert Fisk

Fuente: http://indignados.jornada.com.mx/recientes/opinion-bfla-primavera-arabe-ha-muerto-robert-fisk

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