Por la mañana nos despertamos oyendo las voces de la asamblea de marchantes otra vez, que organizaba las etapas Bisbal-Figueres. Querían tener unos días de descanso en esos días, y querían hacer la ruto en tren, coche, caminando o en autostop. El equipo de cocina había preparado un desyuno muy bueno, y la gente iba arreglando sus cosas para meterlas en las furgonetas, y limpiando el espacio que el ayuntamiento les había cedido al lado de la piscina municipal. Por la noche algunos se habían colado para meterse en la piscina, pero el agua estaba muy fría.
Estas asambleas suelen ser bastante intensas, hay algunos problemas de convivencia debido a las dificultades del viaje y a que el grupo no se conoce tanto, pero resultan un buen ejercicio para el sistema asambleario y para aprender a solucionar los problemas de otra manera. Los participantes de las marchas se están convirtiendo en expertos en consenso y en asamblearismo, gracias también a algunos compañeros que tienen más experiencia en esos temas y pero sobre todo gracias a la práctica cotidiana.


















