[Diario de la Marcha Meseta, 15/08]

¡Quince días sin escribir! ¡Cuánto tiempo! ¡Y cuántas cosas han pasado!

Quedó la cosa en Buitrago de Lozoya, Comunidad de Madrid, y desde entonces hemos pateado algo más de Madrid, un par de días por la provincia de Segovia, luego la de Burgos (no sé cuántos días) y ahora nos encontramos en Euskadi, adonde entramos desde Miranda de Ebro el… ¿jueves? Seguro que en feisbuk lo pone. Consultad allí los datos exactos.

El camino no ha sido tan duro, ni tan malo, como algunos cuentan (esxs chicxs de Useraaa… Tsss…), aunque sí movido. Sumario rápido de desgracias:

Al día siguiente de lo de Buitrago alguien robó nuestro bote, quinientos eurazos. Todos los dedos apuntaron al mismo sospechoso, al que invitamos a irse, aunque personalmente yo siempre tuve, y aún tengo, mis dudas. Pero no es que me importe, porque el tipo era un fascista, un insensato, y más cosas, y sobraba. Así que me alegré de que se fuera aun imaginando que el chorizo seguía entre nosotros.

Pero no es cierto que lo sustraído sumara mil quinientos, ni que haya habido más robos. O al menos no más robos importantes. Lo que sí que es cierto es que nuestro itinerante campamento no es el sitio para ir olvidándose el tabaco, porque lo de la colectivización lo tenemos muy bien asimilado. Pero más roban los banqueros, y lo hacen con verdadera mala fe. No lo olvidemos.

También hubo uno, el sospechoso número dos de lo del bote (que yo creo que era el verdadero chorizo), que se apropió de un móvil traspapelado. Pero se le pilló pronto, se recordó lo de los ocho cubatas pagados en un bar con los billetes de cinco euros de nuestro bote, y se habló de darle un boleto que no fue necesario porque ya se lo picó él por su cuenta ante la indignidad de verse acusado de un delito que, al contrario que el Equipo A, él probablemente sí había cometido.

Por otra parte, también es cierto que algún chaval de la Marcha ha pedido dinero por los pueblos, en nombre del Quince Eme pero para fines propios. Pero el chaval no es mal chaval. Es sólo joven, callejero y un tanto marginal. Confesó sin necesidad -nunca nos habríamos enterado-, se le reprendió, y sigue con nosotrxs, que tratamos de reformarle porque el pobre no tiene a nadie más que lo haga. Cuesta, y desde luego no diré que sea él nuestro más agudo estratega político, pero al menos ahora curra como cualquiera, a días como el que más, y por mi parte albergo la sincera esperanza -no se lo digáis-, de que de aquí a Bruselas logremos hacer de él un ciudadano hecho y derecho.

Dadnos cancha, joder, que si estamos aquí es también por el lumpen. Al menos por el menos chungo. ¡Hay que tener esperanza!

Lo de nuestra escandalosa entrada en Burgos capital ha sido también, según fuentes que considero fiables, bastante magnificado. Pero como la verdad es que no sé qué pasó exactamente, prefiero no decir más.

También, eso es cierto, tenemos a bordo ciertos problemas de alcohol y de personas, unas pocas, que no lo llevan bien. Personalmente haría como las compañeras chiapanecas, que lo prohibieron en su territorio, pero mientras en este país siga habiendo gente que reclama su derecho a consumir porque “ellos controlan”, pues no podremos hacer mucho. Eso me fastidia, la verdad. A mí también me gusta echarme mis cervecitas y mis vinitos, tampoco más, pero si veo que al hacerlo estimulo al que me ve, pues me bebo un zumo y santas pascuas. Por muy alcohólicxs que sean, ellxs también son adultxs, y ya me diréis vosotrxs de qué forma les digo que yo sí, pero que ellxs no. En fin. Al menos los casos más preocupantes ya han sido avisados seriamente de que por ese camino se va a muchos sitios, pero no a Bruselas, y parece que funciona. Aunque sea haciendo eses, aquí todo el mundo tiene ganas de andar.

Hablando de eses, otro problema no pequeño que estamos teniendo es la falta de sincronización y comunicación entre nosotrxs. Resulta que lo de levantarnos todxs para salir al alimón se tornó al tercer o cuarto día misión imposible -también tenemos mucho animal nocturno por aquí, y en eso me incluyo aunque luego madrugue cagándome en tó-, con lo que de la salidas en grupo pasamos a las salidas en grupillo y de ahí al tú sal cuando te dé la gana que yo me voy ya, aunque no tenga ni idea de adónde carajo tengo que ir ni, más importante, por dónde.

Teniendo en cuenta que en Burgos hemos alternado, una marcha tras otra, por carreteras nacionales, caminos de Santiago y autovías en obras -dos años ya de obras, por cierto: la gente de Burgos está que trina con el asunto y ni a cortar un carril nos atrevimos cuando lo de Sol no fuera a ser que los paisanos pagaran en nosotrxs las culpas de Fomento-, teniendo en cuenta, decía, que no seguimos una sola vía sino que vamos cambiando, la consecuencia evidente es que con la desinformación la gente se pierde y nuestra marcha de trescientos kilómetros ha sido para algunxs de casi cuatrocientos.

Y de eso no dirán nada los libros de historia pero yo creo que el asunto ensalza no sólo nuestra torpeza sino también nuestro valiente arrojo, porque hasta ahora todos hemos asumido las cagadas como propias de cada uno, nadie ha matado a nadie, y seguimos andando.

El caso más notorio, lástima de no haber tenido un helicóptero para verlo desde arriba, fue el día que salimos de Burgos: nosotrxs creíamos que nos internábamos en el Camino de Santiago, pero en realidad lo hacíamos en el Laberinto del Chinotauro, un entramado infernal, pero precioso, de sendas entre trigales y girasoles que se nos fueron tragando por turnos, dividiendo más y más los grupos, hasta que la cosa terminó en un puñado de locxs vagando por el noventayochesco paisaje como almas en pena, y lxs pobres compañerxs de Transporte venga a gastar gasofa para rastrearnos a todos.

¿Pues qué? ¿Creéis que la gente, al ver los coches, clamaba “¡salvación!” cual C3PO cuando se cruzó con el transporte jawa en el desierto de Tatooine? ¡Un cagao! Con un estoicismo que ni los tercios de Flandes bajo la lluvia, la gente decía “¿por dónde? ¿diez kilómetros, dices? Dame un poco de agua, que voy”. Hasta cincuenta kilómetros se anduvieron ese día, que encima la marcha ya era larga de por sí, y ni una queja. Alucinante. Yo no, claro. Cuando los jawas me encontraron a mí dije “¿he cumplido con la religión? ¿Treinta y dos kilómetros? Pues hazme un hueco, que me subo”. Y en coche terminé la jornada, como Miss Daisy.
Así que no vengan a joder la marrana conque los punkis esto y los costras lo otro, que aquí los más redichos somos también los más blandos y esta gente le está echando mucho coraje. Y mientras mucho userano fino se raja otros aprietan los dientes y no olvidan que la culpa de cada ampolla y cada desahucio la tienen los eurodiputados, que es a por los que vamos aunque sea oliendo a pinrel sudado.

No querría dar por terminado este punto sin mencionar el especial coraje de un chaval, no recuerdo su nombre porque vino sólo durante aquella jornada, que afrontó la situación sin perder la sonrisa y con el pecho marcado por nada menos que dos operaciones de corazón y la prohibición expresa de los médicos de andar más de dos kilómetros al día. Para muchos eso será insensatez, pero a mí se me va a perdonar el lenguaje sexista si digo que yo creo que son dos cojones.

Y hablando de heroicidades, creo que también ha llegado el momento de hablar de Nolo, gallego por España y pronto por Europa. El tipo se cayó de un séptimo piso y terminó con las piernas como podéis imaginar. Pues ahí lo tenéis. Él creía que no iba a terminar la primera jornada y al final, pasito a pasito, acabará llegando a Bruselas sólo para darse el gustazo de estampar sus pies machacados contra el culo de Pablo Zalba, por mangante y lamebotas. Que yo lo vea.

Bueno… Y ahora hablemos de Sol, que es mi Acampada.

Ahora que han pasado los días, y que treinta mil compañeros -¡treinta mil! ¡En Agosto!- lo han reconquistado; ahora que el Sindicato Unificado de Señores Maderos nos ha pedido que comprendamos que lo de descalabrarnos no es cosa personal, que lo hacen sólo porque son unos mandaos pero que ellos nos rompen los huesos sin ganas porque también están indignados por su puto cinco por ciento; ahora que sabemos que el Papa no va a poder acercarse a Sol si no es escoltado por los Boinas Verdes de la Guardia Suiza y por uno o dos de sus arcángeles; ahora la cosa no se ve igual.

Pero aquella noche la cosa se veía fatal. Ya lo creo. Algunxs compañerxs salieron tarifando para Madrid y sin saber si volverían, y a mí casi me da un infarto cuando me enteré de que dos compas de mi comisión, Diego y Manu, habían sido detenidos. Mi primera reacción -no siempre soy tan sesudo como parezco aquí- fue ir al cuartelillo del pueblo, pancarta en mano, y entrar hasta la cocina a liarla parda. Y bien parda pude liarla, que la idea caló y toda la marcha se puso en pie para seguirme, a las dos de la mañana y a tomar por saco con las consecuencias. Afortunadamente algo de lucidez afloró de nuevo a mi mente perturbada, llamé a Clara, mujer tan sensata como hermosa, y ella que es muy ducha me aclaró que si tal cosa se hacía bien nos podíamos olvidar de Bruselas, que íbamos directos al calabozo y a saber para cuánto tiempo, que lo de asaltar comisarías es cosa grave.

Así que tras despertar a todo el mundo y alzarlos en pancartas con la ayuda de tres traductores, con los mismos traductores tuve que calmarlos y al final la cosa quedó en que al polideportivo lo follaban y nosotrxs nos íbamos a la Plaza del Ayuntamiento como estaba mandado, a empapelarla.

Fue hermoso, joder. No lo vio nadie, pero fue hermoso. Allí estábamos nosotrxs, prescindiendo por una vez de asamblearismos y debates, unidos por la causa de apoyar a lxs heroicxs compañerxs de la Puerta del Sol y del Paseo del Prado; nos fundimos todo el material para pancartas chicas, las de cartulina, nos acostamos a las mil y al día siguiente nos levantamos bien pronto. Y más pancartas, esta vez de las grandes y con sprays. Un montón, gracias a Hannes, uno de nuestros alemanes, que precisamente ese día había encontrado y cargado a la chepa un pliego gigante de tela. Y salimos de marcha, muy tarde y con un calor de justicia, a patear la autovía para que se nos viera bien mientras colgábamos una pancarta de cada puente. Recibimos un apoyo por parte de los coches, y sobre todo y como siempre de los camiones, como no habíamos tenido ningún día hasta entonces.

Perdonadme, Diego y Manu, y todxs lxs demás heridxs y detenidxs, por no haberos vengado en el momento y como merecíais, por no haber tomado aquel cuartelillo para gritar a a la cara de esos obedientes barrigones que son lo que son: unos desalmados. Unos inmorales. Unos cobardes de mierda que hoy nos pitan desde sus patrullas con una sonrisa que les sale de dentro y mañana nos abren el cráneo porque se lo ha ordenado el amo. Pero yo hice lo que creo que tenía que hacer: andar, un pie detrás de otro, para llegar a Bruselas y cagarme en las caras de los cabrones que dieron las órdenes a quienes dieron las órdenes a quienes dieron las órdenes a los sicarios que os maltrataron. Pase lo que pase en París o en Bruselas, compañerxs, va por vosotrxs. Vuestro ejemplo y valentía nos da fuerza. Gracias.

¿Qué más queda por contar? Pues que en las últimas dos semanas, sobre todo desde nuestro paso por la ciudad de Burgos, se nos han unido muchos refuerzos, y todos de lo mejorcito. Nada de vagos ni de parásitos. Gente que ha venido a currar, y que va a hacer de este desastre de marcha lo que siempre debió ser: un proyecto político serio que no va a Bruselas de cachondeo, sino a hacer temblar los muros de este sistema podrido hasta sus cimientos. Se van a enterar, que ya somos ochenta.

Por mi parte, bueno, resulta que lo de Burgos no es leyenda. Allí hace un frío de tres pares, pillé una faringitis de caballo, con bastante fiebre, y al final me tuve que venir a Donosti a reposar un poco y reponerme. Escribo esto desde la casa de un compi del Movimiento, que como ha quedado claro es una gran familia que cuida de los suyos, y mañana iré a esperar a mis queridos marchantes con energías renovadas y un ordenador nuevo que, espero, me permita actualizar mi parte del blog con la frecuencia que la situación merece. Ya me ha jodido no poder comprarlo antes, pero es que resulta que no toda España es Madrid y para comprar cualquier cosa que no sea vino uno necesita grandes capitales.

Un abrazo a todxs y nos vemos pronto, compañerxs.

Fuente: http://marchabruselas.blogspot.com/

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