Jornadas de París, por Héctor Huerga [3 de 3]

Miércoles [21/09]
20:30 hrs

Íbamos silbando, respetando los semáforos, aprovechando los pasos de peatones, en fila india, sin mayor sobresalto que acelerar la marcha cada que un cruce nos partía en dos o en tres. Había gente que se detenía a mirarnos como si ellxs fueran el sol y nosotrxs la piel blanca, sin embargo, se leía claramente en sus rostros una cierta caligrafía de la incertidumbre, « mira, son ellxs » era lo que más se repetía, y nosotrxs a lo nuestro. Íbamos decididos a realizar nuestra asamblea en Notre Dame, una plaza construida por el pueblo y para el pueblo, eran casi las 18 hrs de un miércoles llamado 21 de septiembre.
Casi no llovía, casi no sabíamos donde se encontraba la plaza hasta que de repente doblamos, sí, aceleramos el paso en otra dirección. Cuando decidimos dar ese giro sentí que despertaba de forma abrupta, no sé de que sueño pero lo sentí, tenía la boca seca, primer indicio de que estaba consciente, también apareció el creciente frio que comenzaba a subir por las piernas.

No lo sabían. Me refiero a la policía, tan efectivos esos cuerpos que ya nos estaban esperando en Notre Dame, tres furgones y el conocido autobús. No habíamos llegado y ellos ya estaban en el lugar de los hechos, justo al contrario de lo que aprendimos en las películas. Pero como nosotros también hemos visto esas películas pues cambiamos la ruta al instante, fue voluntario, todxs seguimos hasta la place de la Bourse. Nos sentamos en círculo e iniciamos la asamblea. Primero se explicaron los pasos a seguir, después intentamos comenzar con el orden del día. En ese momento llegó la policia, sudorosos, desordenados, parecían haber sido sorprendidos en el armario del amante, se situaron también en círculo, alrededor de la asamblea y trataron de hablar sin tener el turno de palabra. Lxs compañerxs le adviertieron que aquello se llamaba Asamblea, con todas sus letras, pero no parecía que entre tanto músculo quedara un hueco para el razonamiento. Se le tradujo amablemente al francés y ni así. Entonces pensé que con este hombre uniformado, o con todos, se podría hacer un hueco en la sociedad, pobrecitos, tan mal encaminados que están y nadie que les advierte. En el fondo dan pena.

Como los niños con síntomas de capricho mal encaminado la policia nos quería quitar todo, es decir, si no me dejas hablar te quito el megáfono, después el nombre, después el número de dni, jejeje, me recordaron a mis vecinos, el comeavispas y la coneja cuando venían a casa y si no les daba algo que llevar se ponían a llorar y dar pataletas hasta que su madre venía y le complacía, aquí muy similar, la diferencia, que mis vecinos me dieron la oportunidad de quererles, así y con sus diferencias.

A lo que iba. Primero a uno, le pidieron identificación y lo retuvieron, nos levantamos y reclamamos a nuestro compa, nada, que seguín sin razonar, después nos fueron metiendo en el autobús, esta vez no apestaba a gas como la anterior, les ha venido bien cambiar de ambientador. A diferencia de las retenciones del 19s, esta vez parecíamos todxs parte de la misma obra, como si ya supiéramos el final de la función, un poco, como siempre recordaré de Stanivslasky cuando menciona que el único que sabe lo que va a suceder sobre el escenario es el actor, no el público, y me sentí más tranquilo, no sé el resto, pero por lo menos cantábamos, nos anotábamos los número de identificación en los brazos y la espalda, etc. (¿por qué siempre tiene que salir un etcétera?)

Esta vez nos llevaron a pasear por diferentes comisarias, al parecer, o no había hueco pa tanto retenido o los carceleros ya estaban cansados de vernos. Les entendía, yo también me bloqueo cuando veo en tres dias dos veces al mismo desconocido. Total, si no nos entendemos para qué tocarnos los ovarios. Pero resulta que ellxs reciben órdenes de sus superiores y parece ser que ni tan siquiera ellos conocen la legislación de su país, o por lo menos esa impresión me dio. Y así el patio no estaban ni para preguntarles si conocían las violaciones al Tratado de Schengen que estaban infringiendo, sobre todo en el apartado de las Condiciones de circulación de los extranjeros y su artículo 20. Ni idea, como quedaba demostrado. Estos representantes de la ley se ve que en su mayoría han crecido frente a una enorme grieta en el medio del espejo de sus lavabos, solo así se explica que no sepan o no apliquen la ley en igualdad para todxs. Verte la cara partida en dos debe ser, cuando menos, motivo de una aprehendida bipolaridad.
¿Como se justifica entonces que hayan herido a un compa durante las retenciones y al llegar los bomberos a socorrerlos les impidan el acceso al herido? ¿Alguien puede mencionar qué leyes se incumplen en este caso? ¿Cuál es la sanción para el infractor?

A eso de las 22:30 horas salimos ya todos pa casa, es decir, regresamos a la misma plaza de la Bourse y ahora sí, como ya estabamos identificados pues ya podíamos lavarnos los dientes e ir a dormir. De risa lo de estos enviados, ejem. Pues no, no estábamos todxs, habían detenido a 11 compas. Ningún español, diez franceses e Hilmar, la sonrisa venezolana. En principio nos dijeron que no saldrían hasta el día siguiente. ¿Los cargos? de risa, desperfectos en un vehículo de la autoridad, entonces le pregunté a alguien a mi lado si no éramos nosotroxs quienes pagábamos con nuestrxs impuestos esos vehículos. Algún diminuto derecho podríamos tener de rallarlo un poquito, un tanto así como que yo dejo que patalees, llores y te salgas con la tuya y tu dejas que te rasque un poquito fuerte la espalda, como con los vecinos, cuando éramos niños. Pues no, se ve que estos no han desaprendido los malos hábitos de la niñez y toma, cargos made in hollywood.

Miércoles [23/09]
05:30 hrs

El 23s, todavía de madrugada, nos soplaron que ya los iban a soltar. Nos dijeron que estaban muertos de frío, normal, encerrados con una bola de niños caprichosos que crecieron con un espejo roto por la mitad no les deben haber dejado ni una manta. Pero lo más curioso es que dos de los imputados con cargos ni tan siquiera estaban en el vehículo supuestamente dañado. Un dato que reafirma la idea de que estos enviados solo pueden ver el mundo dividido en dos comportamientos separados en malas y correctas personas. Una clara desventaja para afrontar cualquier principio de igualdad.

A la mañana siguiente, los enviados nos invitaron a tomar el transporte público para llegar a St Denis. Todo un dispositivo oficial para simplemente hacernos desaparecer del centro de Paris, de otra manera, tratar de ocultar la evidencia de que los parisinos no tienen el derecho a reunirse en sus plazas y discutir sobre sus problemas. ¿Dónde lo harán? ¿Lo harán? Lo hacen.

Salir de Paris fue anecdótico, llegar a St Denis fue memorable. El olor a fruta en la calle, las conversaciones a grito pelao, los enfantes correteando libremente… habíamos salido de un panteón social para adentrarnos en la selva de la variedad multicultural. La reunión que se mantuvo con diferentes asociaciones se desarrolló con total fluidez. Reunidos en círculo había una mitad soleada y la otra sombreada. Entre lxs participantes habían mujeres africanas que luchaban por el derecho a una vivienda, los sin papeles que nos anunciaron el inicio de una marcha en febrero, asociaciones de barrios con experiencias en la represión policial e incluso, un grupo de niñxs que irrumpieron durante la asamblea al grito de «Liberté, liberté…», un gesto que nos hizo levantar y secundar los cánticos hasta que llegaron a nuestra altura y colgaron su hermosa pancarta. Un trabajo artesanal realizado con el reciclaje de varios elementos como tela y plásticos con la leyenda Libertad. Una asamblea única, en cuanto a número de veces repetida, pero inspiradora para continuar el trabajo de hermanamiento de luchas.

Salimos de París con la tranquilidad de que un grupo de compañeras se quedaba para fortalecer los vínculos con las asociaciones contactadas. Además me alegra personalmente que el paso de las marchas haya servido de alguna manera para que continue el trabajo de federación de los pueblos por los que se ha pasado y la gente que a lo largo de la ruta se ha integrado a una lucha del todo abierta. Si con el tiempo se consigue que todas las iniciativas, desde lo personal a lo grupal, se unan en una sola voz donde se escuchen todas las voces podríamos decir que nuestro paso sólo ha encendido un fuego que se creía extinguido. Sin este última constatación, dificilmente podremos sacar conclusiones sobre nuestro paso por París. La marcha, más que nunca es un movimiento orgánico, lo que se aprendió ayer se podrá reutilizar el día de mañana, y así hasta el último de los kilómetros, pero antes, llegaremos a Bruselas para seguir compartiendo.

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