La deuda como sometimiento a las políticas neoliberales. Qué significa vivir en deudocracia.

La deuda es una forma de sometimiento de los pueblos a las políticas neoliberales. Está es una de las conclusiones de los organizaciones que piden la abolición de la deuda externa que junto con intelectuales y economistas internacionales están tratando de luchar contra la deudocracia. La deuda no es una cuestión meramente financiera. Es una herramienta de sometimiento y de expansión de políticas neoliberales altamente lesivas para el medio ambiente y los derechos sociales. En los denominados PIIGS —Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España— y en otros países europeos, se están aplicando fuertes recortes sociales por parte de instituciones internacionales y gobiernos para hacer frente a esta deuda. Aunque su origen es diferente en cada país, la mayoría de dicha deuda es privada, contraída especialmente por el sector bancario, mientras que la deuda pública —mucho menor— se ha acrecentado a causa de los rescates a la banca, entre otras.

“La deuda en Europa es ilegítima”, señala Eric Toussaint, presidente del Comité por la Abolición de la Deuda del Tercer Mundo en Bélgica (CATDM) y miembro de la Comisión de Auditoría Integral de la Deuda de Ecuador. Este es el análisis en el que coinciden diversos activistas y expertos, procedentes de Islandia, Grecia, Irlanda, Portugal y el Estado español, que se dieron cita en octubre, en Madrid, en el Encuentro llamado “Viviendo en deudocracia: la deuda en los países del Norte, aprendiendo del Sur”. El evento, organizado por la Red ¿Quién debe a Quién?, con el apoyo del Grupo de Trabajo de Economía de la Acampada Sol, ofreció un espacio para el análisis de la crisis en sus distintas facetas. Economistas de la talla de Miren Etxezarreta, Lourdes Lucía Aguirre y Amaia Pérez Orozco, y activistas de distintos campos como el ecologismo, las finanzas o el sindicalismo, analizaron cómo la crisis afecta a las mujeres, al medio ambiente, a los derechos laborales o la exclusión social.

Una deuda impagable.

Para diversos economistas la deuda es impagable por varios motivos. En primer lugar, porque se trata de una cifra elevadísima y creciente. A pesar de que las ayudas de la denominada troika -Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional- vayan siempre acompañadas de duros ajustes sociales, los países europeos siguen acudiendo al mercado financiero para refinanciar su deuda con las emisiones periódicas de bonos, cuyo valor lo marca el propio mercado con el asesoramiento, siempre interesado, de las Agencias de Calificación. La espiral de endeudamiento no tiene fin.

En segundo lugar, es una deuda que no ha generado la población. Fue la banca la que promovió el endeudamiento como respuesta a un exceso de liquidez. Como el dinero “quieto” no produce ganancias, no se ha dudado en hacer préstamos irresponsables, amparados en la casi completa desregulación financiera.

Por tanto, es ilegítima, aseguran economistas como Miren Etxezarreta. Un ejemplo de cómo una gran parte de la deuda pública proviene de la deuda privada es el de Irlanda: después de que estallara la burbuja inmobiliaria en 2008, a causa del crédito irresponsable otorgado por los bancos, el Gobierno irlandés garantizó el 100% de los depósitos bancarios: si el banco quebraba, la ciudadanía irlandesa asumiría el reembolso de los depósitos (unos 480.000 millones de euros). A continuación, se nacionalizó el Allied Irish Bank inyectándole 48.500 millones (el 30% del PIB irlandés). A este respecto, Andy Storey, profesor de Política Económica en la Universidad de Dublín, explicaba que “dos terceras partes de la deuda pública se debe a la nacionalización de la deuda privada, al rescate de los bancos. Sin embargo, el peso de esa deuda recae sobre la ciudadanía a través de los ajustes sociales”.

Y por último, concluyen, no puede asumirse el pago de una deuda creciente en un planeta con condiciones medioambientales que impiden el crecimiento ilimitado. Nerea Ramírez Piris ha destacado que el sistema de endeudamiento continuo obliga a un crecimiento también continuo en la extracción de materia y energía, muy por encima de la biocapacidad de la Tierra. Los ecosistemas no son capaces de absorber la ingente cantidad de residuos que producen las sociedades “desarrolladas” y no tienen el tiempo suficente para recuperarse.

La deuda española: la privada y la pública.

Según dos estudios elaborados por instituciones extranjeras, se puede estimar que a finales de 2009, el importe total de la deuda era de un 400% del PIB. Si se da por válida esta estimación, en mayo de 2011, la deuda alcanzaba, aproximadamente, 4,25 billones de euros en números absolutos. Según el Banco de España, del total de la deuda, lo que deben las administraciones públicas representa menos de 700.000 millones de euros, las empresas, 1,6 billones y las familias, no llega a un billón. De manera que, la deuda contraída por los bancos españoles se mueve en torno a 1,35 billones de euros. En porcentajes, se concluye que la deuda pública representa un 16% del total, mientras que el 84% ha sido adquirida por actores privados, siendo los bancos con el 32% y las empresas no financieras con el 31%, los principales causantes del sobrendeudamiento en nuestro país.

Según señala Dani Gómez-Olivé, investigador del Observatorio de la Deuda en la Globalización, “la mayoría de acreedores son bancos franceses y alemanes, así que son ellos los que presionan para que la economía española esté lo más saneada posible. Por tanto,obligan al Estado a priorizar el pago de esta deuda, por encima de la obligación básica de responder a las necesidades sociales de la población”. De ahí, la reciente reforma constitucional, realizada sin referéndum, en la que se determina que los créditos que genera dicha deuda “no podrán ser objeto de modificación o enmienda”, de manera que limita la capacidad soberana de negociar una reestructuración de la deuda o decidir su repudio.

¿Y si no pagamos?

Organizaciones e intelectuales inciden en la importancia de transformar el sistema financiero y de crédito con el objetivo de no producir más deuda. Esta transformación consistiría en recuperar la soberanía sobre la política monetaria, la nacionalización de los bancos y que el crédito responda al interés común y se ponga al servicio de lo público.

La historia reciente de Islandia demuestra que se puede luchar contra la deuda. Gunnar Skuli Armannsson, de ATTAC Islandia, ha explicó en el foro que se llevó a cabo en Madrid, cómo la presión ciudadana consiguió un rotundo “NO” al pago de la deuda a los bancos holandeses e ingleses en los referéndum y confesó que “el 15M había sido inspirador para los islandeses”.

Activistas pertenecientes a organizaciones sociales y asambleas del 15M de todo el Estado Español coinciden en la necesidad de lanzar una campaña estatal a favor de la auditoria ciudadana de la deuda como proceso previo a una gran campaña de repudio a la deudocracia.

*Mariola Olcina Alvarado, de Ecologistas en Acción y la Red “¿Quién debe a Quién?”

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/Que-significa-vivir-en-deudocracia.html

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