Grecia. La crisis en el día a día .

Anastassiadis y Andreas Sartzekis.

Podía parecer estrafalario: para la fiesta nacional griega, el 25 de marzo, el objetivo del gobierno Pasok/derecha era que ninguna manifestación tuviera lugar, después de las que habían marcado la fiesta del 28 de octubre (el “no” a Mussolini había sido transformado en “no” a la Troika). Pero a pesar del despliegue de 7.000 policías en el centro de Atenas y de los desfiles casi vacíos -el acceso estaba prohibido-, la fiesta del comienzo de la guerra de independencia de 1821 ha tomado claramente la forma de una voluntad de independencia respecto al gobierno a las órdenes de la burguesía europea. Enseñantes y padres se han enfrentado a la policía, estudiantes de bachiller que participaban en el desfile se han negado a saludar a las autoridades y, en provincias, algunas alcaldías se han negado a instalar los estrados para las “autoridades”.

Estos actos de desobediencia civil son el signo de que, incluso si la dirección Pasok de la Confederación sindical GSEE está por supuesto por detrás de lo que se necesita, la resistencia se organiza, en una fase en que la política económica es cada día más terrible. Así, el techo de imposición va a bajar a 5.000 euros de rentas anuales, cuando el salario mínimo baja el 22% y el 32% para los menores de 25 años, cuando las jubilaciones bajan aún entre 12% y el 20%, cuando el organismo de vivienda obrera es disuelto… todo esto comentado por una Christine Lagarde que pontifica que los salarios son demasiado elevados en Grecia. Frente a los terribles problemas cotidianos, la resistencia popular intenta organizarse para sobrevivir, con un tema decisivo: parar el ascenso de un racismo que ofrece a la chusma neonazi la ocasión de reaparecer, y animado por el gobierno apoyado por la prensa a sus órdenes. Es importante en este contexto que todas las luchas locales tomen bien en cuenta la necesidad de una política anticapitalista a nivel nacional, en ruptura con la lógica de miseria actual. Si esto pasa en parte por las próximas elecciones (temidas por la Troika que hace presión para atrasarlas lo más posible), la urgencia de una movilización nacional prolongada, apoyándose sobre la solidaridad internacional, está al orden del día.

Las luchas en la salud

Si se dejan de lado algunas antiguas realizaciones no despreciables como los centros médicos hasta en los pueblos más recónditos, con jóvenes médicos cumpliendo allí sus primeros años, los sucesivos gobiernos han privilegiado cada vez más la medicina liberal , dejando hacer en los hospitales prácticas de entrega de dinero en mano a los cirujanos que debían operar, práctica que la derecha y el Pasok han puesto cara de descubrir recientemente. Los enfermos abandonados en camillas en los pasillos a falta de plaza son un drama que comenzó mucho antes de la crisis. Pero con ésta, el sector hospitalario está más abandonado que nunca:

- Carencia de medicamentos y de productos de mantenimiento. Así, la Unión Profesional del Material Ortopédico acaba de decidir no hacer más entregas a los hospitales pues no se les ha pagado desde 2010.

- Falta de personal, y horas y días extras no pagados.

- Paralelamente, muy fuerte subida del número de pacientes hacia los hospitales, con colas inmensas en los centros de salud.

Así, uno de los más importantes hospitales de Atenas, Sotiria, especializado en enfermedades pulmonares, ha visto en dos años una subida de entre un 30% y un 40% del número de pacientes, mientras que el gobierno intenta fusionarlo con el hospital vecino, lo que ocasionará cierre de camas y reducción de personal en un hospital en el que ya desde hace mucho la falta de enfermeras obliga a las familias a pagar a personas privadas para asistir a los enfermos durante la noche.

Por ello ha comenzado una gran movilización con las reivindicaciones de ni una sola cama cerrada, contratación del personal necesario, pago de los días extras (no pagados desde diciembre), medicamentos y material necesario para los cuidados.

Desde hace semanas, los trabajadores y las trabajadoras hacen paros y ocupan las oficinas de la administración del hospital vecino. Por su parte, la Federación de los Trabajadores de Hospitales ha emprendido 20 días de acción contra la política de evaluación, el despido de personal y la fusión de numerosos hospitales. Esta semana han tenido lugar un poco por todo el país ocupaciones y concentraciones en defensa de una política de salud pública.

La peste parda intenta renacer

Si permanecían relativamente discretos desde 1974, año de la caída de la dictadura militar, los fascistas no habían desaparecido completamente jamás, explotando sin recato el nacionalismo, el antisemitismo e intentando reconstruirse desde hace varios años sobre la base de campañas racistas contra los numerosos inmigrantes que llegan de África o de Oriente. Esta extrema derecha tiene hoy un doble rostro.

Por un lado, institucional, con el partido Laos, especie de Frente Nacional, alrededor de su caudillo Karatzaferis. Éste ha fracasado como estaba previsto en su apuesta política: apoyar la política de Papandreu por convicción pero también para ofrecer un rostro presentable y entrar en el gobierno de unión nacional que predicaba. De hecho, ha quedado claramente desgastado, ha hecho salir a sus ministros (pero dos se han sumado al partido de derechas) y después de esto ha refundado su acción recuperando sus habituales acentos antiinmigrantes.

Por otro lado, activistas neonazis, pequeños grupos reagrupados en Chryssi Avgi (“Alba dorada”), cuyo jefe es un terrorista antiguo utilizador de bombas. Abiertamente protegidos por los MAT (antidisturbios griegos) y sirviendo cuando es necesario de auxiliares de la policía, han conocido un éxito cierto en un barrio del centro de Atenas organizando a una parte de la población contra los inmigrantes que viven allí en la miseria. Robos, pero también algunos asesinatos cometidos por inmigrantes, han sido el pretexto para un estallido racista, con expediciones violentas y formación de grupos de “vigilancia”, y la intolerable elección como consejero municipal de Atenas del jefe del grupúsculo, no dudando en hacer el saludo nazi en la alcaldía. A partir de ahora, el grupo, como blanqueado por la participación de su homólogo Laos en el gobierno, intenta de pasar a la velocidad superior, tanto en las barriadas como en provincias: de un lado tentativas de introducirse en las concentraciones de los indignados, del otro reclutamiento de jóvenes para ir a atacar a inmigrantes y antirracistas. Intentan incluso incursiones en las barriadas de tradición democrática, como esta semana en Nea Smymi donde han herido a dos refugiados sirios en la plaza central llena de gente que no ha reaccionado.

Por su lado, la Red de recuento de las violencias racistas nota un crecimiento exponencial de las agresiones, y se inquieta por la participación de jóvenes menores.

Frente a esta situación, el gobierno hace la opción consciente de confrontar el racismo y por tanto las violencias fascistas, con una política y declaraciones ilustradas por el ministro de la “protección del ciudadano”, Michalis Chryssochoidis, muy reaccionario cuadro del Pasok. Justificando la apertura de un verdadero campo de concentración para los inmigrantes que huyen de sus condiciones de guerra y de miseria (1.000 plazas en un antiguo cuartel que será guardado por una milicia privada), declara (citado por Epochi): “Debemos enfrentarnos con resolución a la cuestión de la inmigración que se ha transformado ya en un problema social y nacional”. Y hablando de la política de los campos: “Es el único camino que nos permitirá neutralizar esta bomba (sic). De otra forma, fatalmente, seremos llevados a la catástrofe. Y por tanto, no se pueden soportar más como sociedad. Centenares de miles de pobres y miserables en las calles, sin trabajo, sin actividad y hambrientos, víctimas de los medios del comercio de esclavos: es de la mayor necesidad que avancemos”. Desde entonces el gobierno ha anunciado la construcción de 30 campos semejantes en el país, para reagrupar a 30.000 inmigrantes. Paralelamente tiene lugar una gran campaña gubernamental y mediática sobre el peligro que representaría esa población, incluso para la salud pública.

 Ya se ha dado el tono… Y las tareas antirracistas y hoy antifascistas son pues extremadamente urgentes. Hay al menos dos:

 Una batalla central por los derechos de los inmigrantes, en particular el de una acogida digna de los derechos humanos. Desde este punto de vista, es preciso ciertamente acabar con la política que empuja a inmigrantes sin recursos a sobrevivir en condiciones terroríficas y peligrosas en ciertos barrios de Atenas, pero suprimir los bancos públicos en las plazas centrales, como ha hecho la alcaldía de Atenas, refuerza la exclusión y justifica el racismo. Sin embargo, las reivindicaciones conciernen igualmente a la población griega e inmigrante: creación de empleos, en particular en el sector de la construcción (sector en crisis total), derecho a cuidados de calidad, derecho a la educación (este año, ausencia de manuales escolares durante meses, escuelas cerradas por recortes económicos)…

Unidad del movimiento antirracista para darle el carácter de masas y de eficacia necesarios. El 17 de marzo, una manifestación de 1000 personas se dirigió (y fue bloqueada por la policía) hacia Aghios Pandelimonas, el barrio en el que actúan los neonazis. Esta manifestación, convocada por una asociación ligada como a menudo en Grecia a una organización política, constituye el ejemplo de una respuesta necesaria pero muy insuficiente. En el momento en que los neonazis están acreditados en los sondeos de resultados a veces superiores a los de Laos y podrían tener diputados, campañas de masas unitarias y prolongadas están al orden del día, y algunos ejemplos aparecen, con la participación masiva de los estudiantes de secundaria. Impedir el desarrollo de los fascistas y reconquistar mediante movilizaciones de masas y perspectivas anticapitalistas los barrios caídos en sus manos forma parte de las urgencias.

Crisis y luchas en los medios

Las luchas de trabajadores y trabajadoras de los medios griegos han sido múltiples y duras desde el comienzo de la crisis. Desde el punto de vista de la clase obrera, la razón principal es que los medios disponían de un núcleo reglamentado (periódicos y TVs de Atenas), con convenios colectivos y organizaciones sindicales reales –cosa excepcional para el sector privado. Es cierto que alrededor de ese núcleo, hay un montón de empresas (semanarios, internet, pequeñas radios y periódicos de provincias, etc.) y de trabajadores muy flexibles, pero que intentaban hasta ahora acceder a las “reglas” de los periódicos de Atenas. La lógica de la crisis ha acabado con este movimiento, empujando a todo el mundo a igualarse por abajo.

Ciertamente, la crisis ha golpeado brutalmente los ingresos, que dependen en una gran medida de la publicidad, por tanto de la coyuntura económica ambiente, y más en el contexto de reestructuración mundial de la información a causa de Internet. Pero esto ha sido utilizado más bien como una ocasión para el gran capital que controla la información para atacar al trabajo y desmantelar las reglamentaciones. Hay también que saber que el capital que controla los medios no lo hace solo por el placer de la ganancia inmediata sacada del sector, sino más bien para manipularlos a favor de sus otros negocios: entre los cuatro grandes grupos de prensa de Atenas, dos están controlados por armadores y uno pertenece a una multinacional griega de la construcción. E incluso la forma en que ha sido realizada la gestión de la crisis muestra esta voluntad violenta por parte del capital multinacional. Por ejemplo, la filial griega Leo Burnett, de la multinacional francesa de la publicidad Publicis, cuya declaración de “quiebra” (negativa a pagar sus deudas) el año pasado reforzó la propagación de la crisis y la presión sobre los medios.

En una primera fase, 2010-2011, el ataque tomó la forma sobre todo de despidos masivos, de cierres de los periódicos y de reestructuraciones del trabajo. Los grandes grupos han logrado imponer brutalmente un recorte de al menos un tercio de sus efectivos llevando al paro a una gran parte de los trabajadores. Y sobre todo, para hacerlo, han empleado sistemáticamente la división de los trabajadores (periodistas contra personal administrativo, técnicos de la radio contra trabajadores de imprenta… siendo la consigna “sálvese quien pueda”) y el ataque contra los sindicatos “irresponsables” –ataque organizado la mayor parte de las veces por movimientos “espontáneos” en el interior de las empresas al grito de “salvar la empresa”. El gran grupo de prensa DOL –emblemático para Grecia, uno de los pilares tradicionales del poder político- ha estado en la vanguardia de todo este ataque, de división, de despidos, de lucha antisindical.

Lucha por los salarios

El ataque contra el salario es el epicentro de la segunda fase que comenzó por otra parte muy pronto. Así, la TV Sky, que pertenece al armador griego Alafouzos, impuso en diciembre de 2010 los primeros convenios individuales: bajadas de salario del 10% con ruptura de los convenios colectivos y despidos para quienes rechazaron un procedimiento que apuntaba –más allá del salario- a romper la presencia de los sindicatos en las empresas así como a violar la legalidad burguesa de los mínimos regulados por la ley y los convenios colectivos (ficción europea que entonces estaba aún jurídicamente en vigor). Este movimiento se ha generalizado durante todo el año 2011 a todos los grupos y a varias empresas: la radio Pegasos, que pertenece a una multinacional de la construcción, ha impuesto de la misma forma tres veces bajadas de salarios del 10%, cada una de ellas creando una violencia inaudita en el interior de la empresa. Igualmente, otro armador, Kyriakou, que acaba de demandar una tercera bajada de los salarios (de 10% al 20%) a los trabajadores de la cadena Antenna, una semana después de que su filial serbia declarara grandes ganancias. Hay que saber que la bajada de los salarios reales (contando simplemente la inflación y la imposición de los salarios en nombre de la crisis) desde hace dos años está estimada en alrededor del 25%. Añadiendo a ello la bajada de los salarios nominales impuesta en esta segunda fase, se llega a una bajada acumulada del 50% y parece que el objetivo sea llegar a recortes de hasta dos tercios del salario.

Pero hay algo peor: lo que se ha generalizado desde el año pasado es el trabajo no pagado o pagado con retrasos de varios meses. Muy pocas empresas en el sector continúan pagando salarios normalmente. Los casos más llamativos y conocidos (pero la práctica es general, sobre todo en las pequeñas empresas) es la TV Alter, que ha dejado de pagar desde hace un año y medio a sus 700 trabajadores así como Eleftherotypia (uno de los cuatro grandes periódicos de Atenas y el único que era un poco crítico hacia la política de la Troika) que ha dejado de pagar el verano pasado a sus 800 empleados. En los dos casos, los trabajadores y trabajadoras, tras algunos meses de ilusiones sobre un pretendido “salvamento de su empresa”, se han puesto en huelga con ocupación, y han gozado de la solidaridad de la sociedad comparable a la huelga de los siderúrgicos de Halivurgia. Ha habido incluso un comienzo de recuperación de la actividad bajo control de los trabajadores, con dos números de Eleftherotypia editados, pero para la TV Alter, tras algunos meses de emisiones realizadas por los trabajadores, la patronal de los medios y el estado han cortado las antenas de emisión.

En la fase que se abre ahora hay dos asuntos importantes: primero el desmantelamiento de toda estructura pública de información (radios públicas locales controladas por las alcaldías, agencia de prensa nacional y televisión y radios públicas) y, sobre todo, el desmantelamiento de los convenios colectivos y de las reglamentaciones de trabajo, pues a la violación de hecho del derecho laboral, el nuevo memorándum elaborado por la Troika añade la supresión del juzgado de los convenios colectivos (¡no tienen ya valor de obligación para el empresario!) así como la libertad del capital para pagar el trabajo como le parezca (¡para bajar salario no hay ya necesidad de acuerdo con el trabajador!).

A pesar de las luchas continuas y repetidas a nivel de empresa y del sector entero (con huelgas y movilizaciones centrales), los trabajadores tienen el sentimiento de ir de derrota en derrota, de trabajar en una máquina de propaganda capitalista, enteramente orientada contra la sociedad y el trabajo. Esto plantea cada vez más la necesidad de una reorientación del movimiento para acercarse al resto de los trabajadores griegos, en la lucha, por supuesto, pero sobre todo también en la búsqueda de un modo de trabajo que recupere la deontología profesional pisoteada sistemáticamente por los capitalistas de los medios al servicio de las diferentes troikas. Es una batalla interna y externa al sector e incluso más allá del país, pues no se trata solo de las condiciones y de los salarios de algunas decenas de miles de trabajadores y trabajadoras, sino de la reproducción de un sistema que solo tiene la barbarie como perspectiva, en Europa y en el mundo.

7/04/2012

Fuente: http://www.npa2009.org/content/grèce%E2%80%89-la-crise-au-quotidien

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